“Whistle Blower”: El Soplón
Hoy está en boca de todos el caso La Polar y la responsabilidad de los directores de velar por las buenas prácticas y fiscalizar adecuadamente; hace unas semanas sucedía lo mismo con el caso Kodama que motivó la renuncia de la ministra de vivienda; antes de eso tuvimos el caso MOP Gate. Pero no sólo en Chile suceden estas situaciones, en Estados Unidos fueron muy importantes los fraudes de los casos Madoff y Enron, por mencionar sólo dos. ¿Cómo podemos hacer para saber si una empresa es realmente lo que dice ser y no es únicamente una pantalla? Por supuesto, la panacea no está en la ISO 9001, ni en los procedimientos de auditorías, ni en las agencias clasificadoras de riesgo. Finalmente, los que terminan revelando los “desaguisados” son una y otra vez los soplones (o los informantes). Ahora, vendrán como siempre los que creen que con más leyes se arreglan estos problemas; hay que resistir a estas pérdidas de tiempo.
Alan Greenspan en su libro “The Age of Turbulence” sostiene que siempre ha ocurrido lo mismo. Siendo Chairman de la FED relata que estaban por aprobar la entrada de un banco japonés que parecía cumplir con todas las exigencias, más todavía, parecía ser un banco de primera línea, hasta que un whistle blower (sopla) que el banco era un fraude, como efectivamente lo era.
Una y otra vez se demuestra que en la vida económica hay que ser ponderado y no creer en los éxitos que nos puedan mostrar a primera vista. Será mucho más importante ver la integridad de las personas, su trayectoria y sus hechos que confiar en las técnicas “modernas” con que se administran las empresas.
Una buena práctica es considerar que no existe dinero fácil y que el éxito se construye con esfuerzo. Las empresas no suelen reportar beneficios de la noche a la mañana. Normalmente los primeros años son de esfuerzo oculto, tiempo de mucho trabajo e inversión. Recién a los veinte años es esperable tener una empresa consolidada. Sin embargo, más allá de las garantías que da el tiempo, lo más importante es considerar que detrás de toda gran estructura existen personas. Por eso, es recomendable analizar quiénes son los que están detrás, conocer sus hábitos y sus rostros. En definitiva, los negocios se construyen en base a la confianza que es una virtud que crece en la seriedad e integridad del ser humano.
Sergio Silva Alcalde
Presidente Fundación Cultura Empresarial




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